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Botox, diez años después, más allá de las arrugas

Publicado en: Actualidad | 0
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En 2002 se aprobó el uso de la toxina botulínica para fines cosméticos. Han pasado diez años y los avances en las técnicas, instrumentos y experiencia médica han permitido mejorar los resultados y abordar el uso del botox desde una nueva perspectiva: la prevención

En el siglo XIX esta toxina era solo reconocida por ser la responsable del botulismo, una intoxicación alimentaria producida por la bacteria Clostridium Botulinum. Hoy en día,  su capacidad de producir un bloqueo en la transmisión del impulso nervioso hacia la fibra muscular permite que sea sintetizada y utilizada como medicamento terapéutico para ciertas enfermedades neurológicas y como producto cosmético para tratamiento estético de las arrugas faciales.

En Europa, Francia fue el primer país en abrir las puertas a la toxina botulínica como método para reducir las arrugas, mientras que en España su uso cosmético fue autorizado en febrero del 2004 por la Agencia Española del Medicamento.

De acuerdo con la doctora Cristina Villanueva, dedicada desde hace 25 años a la medicina estética, la cirugía plástica y estética y líder de opinión de la compañía farmacéutica Allergan —el mayor productor de botox en el mundo—, la toxina que se aplica hoy es la misma que la aprobada hace diez años y lo que ha cambiado son los instrumentos utilizados, los resultados obtenidos y las zonas y motivos de aplicación.

“En un principio se utilizaba para quitar las arrugas, como la del entrecejo. Actualmente se usa para cambiar la expresión, recolocar las cejas y con propósitos preventivos para retrasar el envejecimiento”, explica la doctora.

La faceta preventiva de la toxina no se conocía en inicio porque no hacía mucho tiempo que se aplicaba con fines estéticos y por tanto no se podía establecer una comparativa en la evolución de los pacientes. Ahora —en palabras de la especialista— si una persona se trata cuando las arrugas acaban de aparecer, estas desaparecen.

Villanueva asegura haber evidenciado en consulta una evolución favorable en los resultados obtenidos en las pacientes que trata desde hace más una década, lo cual pone de manifiesto el valor preventivo del tratamiento. Su experiencia con la toxina refleja que “muchas pacientes están mejor de la zona que cuando empezaron a tratarse”, es decir, que no ha evolucionado la arruga y que la piel incluso ha mejorado.

El doctor Christian Weigand, especialista en cirugía plástica y estética, coincide con que el botox tiene las dos funciones, prevenir la formación de las arrugas y tratar las ya existentes. “Los pacientes jóvenes se lo pueden aplicar para prevenir las arrugas ya que se paraliza la musculatura que hay debajo. Una vez que alguien tiene arrugas profundas no se le van a quitar de un día para otro, pero si aplicamos botox de manera continuada van a mejorar y desvanecerse”.

Weigand comenta que las zonas en las que se aplica la toxina también han cambiado con el tiempo y esto se explica, principalmente, por una disminución en la capacidad económica de los pacientes. “Antes se trataban o toda la cara o nada. Ahora la gente viene solo a hacerse el entrecejo o las patas de gallo”.

Desde el punto de vista técnico, las agujas para infiltrar son ahora mucho más finas y las jeringas más precisas, sin embargo, la evolución más significativa —según la doctora Cristina Villanueva— ha sido en la técnica y experiencia profesional, conseguida en gran medida gracias a un mayor bagaje en el manejo del producto. “Antes se hacía un tratamiento más duro, se quitaban todas las arrugas y las personas se quedaban sin expresión y con unas caras congeladas. La idea ahora es buscar la naturalidad, más que borrar todas las arrugas, y ofrecer un aspecto descansado”.

Mala prensa: el principal enemigo

Aunque hay quienes consideran una frivolidad los tratamientos estéticos, para otras personas significan una mejora sustancial en su calidad de vida, como aquellos que utilizan la toxina para solucionar problemas de excesiva sudoración. Cristina Villanueva sostiene que la aplicación de la toxina botulínica contribuye en algunos casos a mejorar las relaciones sociales de los pacientes ya que, “si entras en contacto con una persona con el ceño fruncido y cara de estresada, vas a responder diferente que si tuvieras un aspecto relajado”.

Esta toxina se utiliza hace más de 30 años en medicina terapéutica —incluso en niños con unas dosis más altas que en medicina estética— y por ello profesionales como la doctora Villanueva opinan que hay una “seguridad adicional de que no va a pasar nada raro con esta molécula”.

Sumado a ello, en algunos casos en los que la toxina es aplicada en zonas como el entrecejo, se obtiene como efecto secundario positivo una disminución en los episodios de migraña.

Por ello, la especialista destaca lo valorado que está el tratamiento con botox ya que “el 99,9% queda satisfecho”. En contraposición, asegura, tiene una muy mala prensa y cuando una paciente asiste a consulta debe hacer “malabarismos” para convencerlas de su efectividad. “Esto está, un  poco, influido por los medios de comunicación que exaltan siempre lo malo porque cuando el procedimiento queda bien hecho da un aspecto muy natural y no se ve”.

Al explicar los motivos por los cuales algunos artistas u otros personajes famosos aparecen fotografiados con expresiones congeladas o “planchadas”, que no corresponden con su edad o con una apariencia natural, Villanueva indica que estos resultados tienen que ver con un exceso de toxina o con una mala aplicación. “A veces son personas bastante mayores que no quieren tener ni una arruga y eso es inhumano porque la calidad de la piel va cambiando”.

“Muchas veces se atribuyen cosas que no son producto del botox, como por ejemplo los labios hinchados o los pómulos muy inflados. La gente piensa que son causados por la toxina botulínica cuando en realidad son excesos de relleno o rellenos antiguos que no son reabsorbidos y que con el tiempo producen estos efectos”, puntualiza la doctora.

Para quienes están hasta ahora contemplando la posibilidad de aplicarse botox, el doctor Christian Weigand aconseja ponerse en manos de un buen profesional y “empezar poquito a poco”. Esta sustancia, tanto para bien como para mal, tiene un efecto pasajero así que “tanto las ventajas como las desventajas son las mismas”.

“Si nos gusta tenemos la desgracia de que no va a durar eternamente, y si no nos gusta tenemos la suerte de que en 3 ó 4 meses el efecto va a desaparecer con lo cual nadie pierde nada con empezar poquito a poco a ver cómo le van las dosis”, insiste Weigand.

Si alguien está mal tratado con botox —comenta— puede ser porque en algunas situaciones “las mismas pacientes solicitan mayores cantidades de toxina de la que realmente necesitan” y en menor medida puede deberse a una mala práctica médica.

Efe Salud  26/09/2012

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